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El antídoto para la Soledad, conexiones genuinas

La soledad, depende más de la ausencia de intimidad emocional que de la distancia física

Sentirnos aislados, sin apoyo es lo que conocemos como Soledad. Si lo has experimentado, sabrás que no depende de las personas que te rodean, puedes estar en un cuarto lleno y sentirte a kilómetros de distancia al mismo tiempo.


Escucho a las personas decir que el confinamiento, el aislamiento social y la falta de contacto físico han acrecentado el sentimiento de soledad, pero en mi experiencia la razón es otra.


En el 2017 el Dr. Vivek Murthy escribió un artículo en la revista Harvard Buisenss Review, acerca de la Epidemia de Soledad en Estados Unidos. Encontró que las consecuencias de experimentar soledad equivalen a fumar 15 cigarrillos al día, lo que reduce la expectativa de vida, aumenta riesgo de obesidad, problemas cardiovasculares, demencia, depresión y ansiedad. Además, limita la productividad, la creatividad y afecta el análisis y la capacidad de toma de decisiones.


Encontró que los horarios extendidos de trabajo afectan, ya que, a pesar de estar interactuando todo el día con otros, la comunicación se enfoca solo en las tareas, excluyendo la intimidad emocional.


Durante la pandemia el desborde emocional nos superó a muchos. El miedo a la incertidumbre nos puso en modo sobrevivencia. El colapso de nuestros espacios vitales, donde trabajo, estudios, familia y tiempo personal se limitaron a los metros cuadrados de nuestras casas, generó presión extra en nuestras relaciones.


Muchos sentimos que debíamos ser fuertes y no quebrarnos para no cargar más a las personas cercanas. Sin darnos cuenta nos aislamos de nuestras emociones y por tanto dejamos de comunicarlas. Sin saberlo estábamos bloqueando nuestra capacidad de conexión. Nos desconectamos de nosotros mismos tratando de cuidar a los demás.


Verás, la soledad, la presión laboral, el miedo ante la incertidumbre son más que palabras de moda. Son fenómenos que tienen impacto en nuestro día a día, nuestra salud física y mental.


Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza. Eso implica que encontramos satisfacción a necesidades básicas en la convivencia con otras personas. Pero no cualquier interacción basta, requerimos aquellas que se dan en un espacio seguro, donde nos permitimos Ser, sin miedo a ser juzgados o que nuestra forma de ser lastime a otros.


Esta convivencia se logra cuando generamos espacios en los que podemos expresarnos y ser escuchados. Donde prestamos atención plena y sin distracciones. Y sobre todo, donde reconocemos lo que esta sucediendo con nosotros, aún cuando sea incómodo, molesto o difícil. Verás, la conexión se cultiva en los espacios en los que sabemos que estamos libres de juicio, donde no hay secretos, silencio o vergüenza. No hay mayor sentido de conexión que reconocer que la dificultad, los miedos y la vulnerabilidad es lo que compartimos como seres humanos.


Te invito a que hagas un listado de las personas con quien tienes esa conexión y lo hagas prioridad. En especial, espero que puedas tener ese momento de conexión contigo mismo.

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